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sábado, 14 de marzo de 2015

¿Enseñar o Educar?

¿Enseñar o educar? Es una pregunta que a simple vista es tan sencilla que, normalmente, lleva a no encontrar una respuesta clara. Como me gusta decir en clase, ante una duda, debemos buscar la información. Vamos a ver que nos dice la RAE:

enseñar.
(Del lat. vulg. insignāre, señalar).
  1.   tr. Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos.
  2.   tr. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo.
  3.   tr. Indicar, dar señas de algo.
  4.   tr. Mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado.
  5.   tr. Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.
  6.   prnl. Acostumbrarse, habituarse a algo.
educar.
(Del lat. educāre).
  1.   tr. Dirigir, encaminar, doctrinar.
  2.   tr. Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.. Educar la inteligencia, la voluntad.
  3.   tr. Desarrollar las fuerzas físicas por medio del ejercicio, haciéndolas más aptas para su fin.
  4.   tr. Perfeccionar, afinar los sentidos. Educar el gusto.
  5.   tr. Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.
Muchas veces confundimos ambos conceptos y nos lleva a, realmente, no saber que estamos haciendo y no saber como actuar con garantías. Debemos dejar claro que el proceso de enseñanza-aprendizaje no es un proceso de un día. Es algo tan grande que perdura durante toda la vida de una persona. Por otra parte el proceso de educación, es algo que debemos enseñar en etapas tempranas, pero mantener a lo largo de toda la vida. 

Entonces ¿quien enseña? ¿los profesores? ¿y educan los padres? ¿puede ser al revés? ¿y si uno de esos pilares falla? 

Todas estas preguntas se contestan rompiendo el muro que separa el colegio de la casa (muro metafórico, ¡parad las máquinas! que nadie aparezca con picos para derribar nada, por favor). Si conseguimos normalizar la relación con las familias, todo el proceso tomará una nueva dimensión y observaremos un cambio total en la predisposición de los niños. Y sé perfectamente que en ocasiones no es una tarea fácil. Hay padres muy dispuestos a involucrarse y otros a los que les cuesta mucho más. Ahí tenemos nuestra primera gran tarea. Demostrar que la enseñanza y la educación no es dividir las tareas entre colegio y casa, sino que el colegio y el hogar están bien unidos. También es fundamental marcar las distancias mínimas. Establecer la línea que delimita el HASTA AQUÍ. Si olviamos poner ese límite estaríamos perdidos.


En resumen, educar y enseñar es nuestra labor, pero no podemos hacerlo totalmente solos. Necesitamos la ayuda de las familias. Si queremos hacernos los heroes y lanzarnos a la aventura de hacerlo solos, probablemente estaremos haciendo un camino cuesta abajo y sin frenos hacia un muro gigante. Perdamos el miedo a las familias, pues nuestra vocación de enseñar debe ser complementaria a su obligación de educar.

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